¿Un 7-0 en una final es un resultado serio? Sobre 90 años de invisibilidad vs. uno de reconocimiento y sobre el potente proyecto de AFA para impulsar la formación de jugadoras. Christian Meloni, DT campeón con Boca, explica el fenómeno que se viene.
En la previa, la primera final del fútbol femenino profesional en Argentina se presentaba inmejorable: Boca Juniors vs. River Plate, River Plate vs. Boca Juniors. Las chicas estaban llamadas a hacer historia con este, uno de los hitos esperados desde que tomó forma la lucha para dejar de ser amateurs, que era como ser invisibles. Corrección: que volvió invisibles a la gran mayoría de las chicas argentinas que quisieron vivir del fútbol.
Algunas lo lograron. ¿Cómo? Se fueron de la Argentina. Los países de América y de Europa que desde hace tiempo identificaron que la disciplina pedía a gritos el marco del profesionalismo, las recibieron encantados. Jugadoras de primera calidad, ya formadas, listas para dar sus mejores años en sus ligas. Casi nada de inversión, todo ganancia. Otras, lamentablemente, no pudieron porque Argentina les ofrecía canchas que ni en los potreros más recónditos, penosos niveles de infraestructura, elementos de descarte. Algunas se entrenaban con las pelotas que desechaban las divisiones masculinas menores. ¿Ropa de entrenamiento? ¿Profesionales de la salud? ¿Acompañamiento emocional? ¿Qué es eso? Para ellas, nada.

Llegó el profesionalismo. Nuevas reglas, nuevos objetivos, pelear contratos que muy bienvenidos pero aún insuficientes, grandes resacas de desprolijidades (como canchas auxiliares que se quedaban sin luz en medio de los partidos) y la primera final femenina en ese contexto que, además, tuvo por esas cosas del destino a Boca y River en la final. Mucha expectativa, la TV destinando casi los mismos recursos que implementó para transmitir la final masculina de la Copa Diego Maradona que el Xeneize le ganó a Banfield. Figuras de un lado y del otro como Lorena Benítez y Carolina Birizamberri.
Fue 7 a 0. Un gol a los 13 minutos. Otro a los 15. Otro a los 32. Uno más a los 35 y empezaron las burlas. Las redes sociales explotadas de comentarios despectivos, risueños ante el espectáculo. Que se dediquen a otra cosa. Impresentables. Después no quieren que las critiquen.
89 años, 7 meses, y 16 días pasaron entre la primera final del fútbol masculino en la Argentina y la primera del femenino. Y ese tiempo, claro, no es un dato solamente cronológico. Fueron casi 90 años de patear pelotas de plomo.