Vivir como un marino: 10 días a bordo del único buque argentino que navega el río Paraná

Nos embarcamos en el Argentina C, el único barco de la marina mercante que lleva contenedores por las aguas del Paraná, para conocer a su tripulación y cómo superan los distintos obstáculos como la bruma más espesa que jamás se haya visto.

Aunque suene insólito, en los barcos que navegan el río Paraná casi no corre la ley Argentina. Allí, sobre los buques, ondean las banderas de Liberia, Paraguay o las Islas Marshall, por ejemplo; y son las leyes de esos países las que rigen a bordo.

Pero hay una sola excepción. Se trata del barco Argentina Cel único buque construido en el país y que lleva la bandera nacional. Allí me embarqué yo.

En Argentina, las historias de apogeo y decadencia son moneda común. Pero ninguna es tan contundente como esta. En los años 50 nuestra flota naval era la segunda más importante de América después de la de Estados Unidos. Hoy en día, el buque en el que me embarqué es el único construido en el país en los últimos 30 años con bandera argentina.

Se trata de un barco que lleva contenedores al puerto de Montevideo. Allí la carga se transfiere a otros buques de mayor porte que son los que llevan nuestra producción al mundo. No es poca cosa, ni un tema para descuidar: el 80% de lo que entra o sale del país lo hace por vía marítima.

El barco funciona como una pequeña ciudad. Allí la palabra del Capitán es la ley para los 23 marinos que lo secundan en un orden de jerarquía. Todos saben lo que tienen que hacer y trabajan día y noche en dos o tres turnos. Todos tienen lo que necesitan para trabajar y hasta el cocinero tiene su propio supermercado.Play VideoCómo es estar a bordo del único buque argentino que navega las aguas del río Paraná. (Foto: Captura Telenoche)

Navegar por el río Paraná no es tarea fácil. Se requiere pericia, concentración y habilidad por parte del capitán y sus segundos a cargo en el puente de mando. En el Paraná hay recodos de 90 grados, puentes e islas que superar y en muchos tramos el canal no es todo lo ancho que se necesita.

Una noche la niebla se hizo más densa que de costumbre. No quiero dramatizar, pero pocas veces vi una bruma tan espesa. En esos casos, los buques que se cruzan no se ven y es muy peligroso que ambos traten de pasar juntos por la parte más profunda (y segura) del canal. Pueden chocar.

Son momentos de tensión. Los capitanes de cada buque tienen que decidir en el momento quien pasa por el medio del canal y quien se corre hacia un costado a riesgo de quedar varado. Los segundos cuentan, ya que ambos están en movimiento y es complicado porque como no se pueden ver mutuamente por la niebla dependen solo del radar.

Pero todo se resuelve con mucha tranquilidad. Frente a las situaciones más comprometidas es cuando uno ve más calma en los marinos. Es además, para ellos, una situación cada vez más común porque -pese a que la flota fluvial argentina se redujo a un nivel casi inexistente- el tráfico naval se incrementa en el mundo a medida que pasan los años.

Las razones son económicas. Los contenedores pueden transportar mucha carga a bajos precios. Con solo considerar que un barco emplea el 10% de energía que consume un camión o el 20% de lo que gasta un tren, vamos a entender fácilmente por qué el 90% del comercio mundial se transporta por vía marítima.

Y no se le puede echar la culpa a la pandemia. Porque a nuestros vecinos no les va tan mal. Sin ir más lejos, hoy en día Paraguay cuenta con la tercera flota fluvial a nivel mundial, después de la de Estados Unidos y China. Y la mayor flota fluvial de Sudamérica.

Desde la cubierta del Argentina C pude ver como transitan las aguas argentinas las barcazas paraguayas por nuestro río Paraná. Ellos pagan un peaje por los trabajos de dragado y balizamiento. Pero la competitividad de ellos es mayor porque, a pesar de que las obras las pagamos los argentinos, no hay ningún beneficio para los barcos nacionales que aquí ya pagan impuestos y fuertes costos locales.

Peroel destrato de los políticos a la industria naviera local llega a niveles que escapan a toda lógica. La chapa o acero naval que se produce en la Argentina se le cobra a los argentinos con el 21% de IVA, pero se exporta con 0% de arancel. Este es el principio de una situación escandalosa.

Las empresas navieras paraguayas compran este acero y a partir de ahí nos empiezan a ganar en competitividad. Porque como parte de una política de promoción a la actividad, el Gobierno de Paraguay no le carga nada de impuestos. En conclusión, ese insumo básico de la industria -que se produce en Argentina- cuesta más barato en Paraguay que en nuestro país. Imperdonable.

El Argentina C es además un buque escuela. Si se cae el GPS, se rompe el radar o chocan los satélites, el barco tiene que seguir navegando. Por eso, los aspirantes a marinos tienen que estar preparados para navegar con mapas náuticos o guiándose con las estrellas como lo hizo Cristóbal Colón.

Ellos se forman en la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano. La Institución lleva ese nombre en honor a quien la creó en 1799. El patriota (que muchos políticos de hoy declaran admirar), sí sabía de las prioridades económicas del país y escribió hasta el reglamento de la Escuela.

Hoy en día, los cadetes a pilotos de ultramar y maquinistas navales siguen estudiando en la Escuela Nacional de Náutica donde la mala política todavía no llegó tocar con sus manos. Sin embargo, dada la poca promoción de la actividad, son pocos los profesionales que allí se gradúan en relación a la demanda.

Es muy común que un marino que estudie en la Escuela consiga trabajo antes de graduarse. Por el alto nivel profesional y porque los títulos están homologados para desempeñarse en cualquier parte del mundo, generalmente los marinos argentinos son contratados por empresas extranjeras.

Resulta paradójico que un trabajo que requiere cada vez más profesionales en el mundo, en la Argentina, esté tan descuidado. La nula promoción de la actividad hace que ni siquiera se sepa de la excelente oportunidad laboral que representa para los jóvenes.

No solo las buenas condiciones de convenio, sino los importantes salarios que no se pueden comparar con lo que cobra un gerente de un banco, por ejemplo. O con un CEO de una multinacional en el caso de un capitán o un práctico.

Pero para un marino, una vez arriba del barco, todo eso pasa a un segundo plano. A esta gente lo que le gusta es navegar. Les gusta el ruido del agua cuando el barco avanza,la estela blanca que deja atrás, el viento fuerte, las olas y las noches frías. Llevar contenedores es una excelente excusa para que le paguen. Un pretexto para cumplir con su vocación.

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