CIENTOS DE PERSONAS CONCURREN A LA CATEDRAL EN BUSCA DE ASISTENCIA

«Desde diciembre, la situación se volvió crítica», afirman los voluntarios de Cáritas. El aporte de la comunidad es fundamental para llegar a los que menos tienen.

En el país con capacidad para producir alimentos para cientos de millones de personas, comer se está convirtiendo en un privilegio. Esta faceta, quizás la más cruenta de la crisis, se vuelve una postal cada martes y viernes cuando cientos de personas, entre ellas chicos, adultos y ancianos; concurren a la Catedral de Resistencia en busca de los módulos alimentarios que entregan los voluntarios de Cáritas o, cuanto menos, el desayuno para arrancar el día. 

Si bien el número de gente con necesidades básica insatisfechas viene creciendo de manera constante en los últimos años, Cristina Guastallá, una de las voluntarias que deja el alma y la vida en cada jornada solidaria, contó a NORTE que «desde diciembre a esta parte, la situación se volvió crítica: es impresionante la cantidad de personas que quedan constantemente en situación de calle y la ayuda que les damos, muchas veces, parece no ser suficiente».  

ACCIONES CONSTANTES

En rigor, la entrega de manera regular de un desayuno y módulos alimentarios en la Catedral de Resistencia comenzó durante la pandemia. Si bien en un principio se pensó en suspenderlas, a la luz de una eventual recomposición de la situación social, cuatro años después la realidad indica que el problema del hambre se ha profundizado. 

«Recibimos a familias enteras, es decir, gente va quedando en esta situación muy precaria en el marco de la crisis: son personas que, hace un par de años, podía más o menos con alguna changuita, pero ahora se hace difícil incluso trabajar aún en esas condiciones», describió Cristina. «Tenemos el caso de un señor, que viene con su esposa y dos nenas, que era albañil pero la Covid-19 le sacó la audición por completo y por eso se quedó sin trabajo», relató. 

Las historias se repiten por decenas. Según los voluntarios, las personas que concurren a la Catedral cada martes y viernes por la mañana superan largamente el centenar. «A las mujeres embarazadas, ancianos y niños les armamos una mesa adentro; pero no podemos con todos y por eso los hombres y jóvenes quedan afuera, con filas que suelen llegar hasta la escuela Zorrilla», graficó Cristina. 

La asistencia consiste en módulos alimentarios destinados a las familias que tienen un hogar. Cada uno de ellos cuenta con yerba, harina, polenta, azúcar y un kilo de leche en polvo. Para las personas en situación de calle, se destinan alimentos racionados en porciones individuales, pero todos reciben asistencia. 

«Los elementos que repartimos surgen, en su totalidad, de las donaciones que hacen los feligreses y la gente solidaria, por el momento no estamos recibiendo ayuda ni del gobierno provincial ni de la Nación», destacó la voluntaria. 

En ese sentido, apuntó a la importancia de los aportes que pueda hacer la comunidad para continuar con las actividades: «pedimos encarecidamente que cada vez seamos más los que decidimos tender una mano a tanta gente que, lamentablemente, sólo puede aspirar a la solidaridad para poder comer», cerró. 

CÓMO COLABORAR 

Desde la Secretaría de la Catedral de Resistencia informaron que las donaciones se reciben en la sede de la Iglesia, a través de esa oficina,  todos los días, de 8 de la mañana hasta 12:30 o bien por la tarde, desde las 18 y hasta las 20. 

Se recibe todo tipo de alimento no perecedero como fideos, azúcar, yerba, arroz, harina, polenta y leche en polvo, entre otras. 

Además, los voluntarios de Cáritas realizan entrevistas con las personas que concurren a la Iglesia, para interiorizarse sobre la situación y buscar alternativas para solucionar los problemas, en la medida de lo posible.

En este contexto, y ante la llegada de la temporada de bajas temperatura, pidieron a la comunidad el aporte de ropa, especialmente de abrigo, para sumar a la asistencia alimentaria que se realiza en la Catedral. 

Fuente: diarionorte.com

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