La preparación nacida a principios de 1900, que extendió su fama a partir del filme dirigido por Danny DeVito, es más que una torta de chocolate. La pastelera Isabel Vermal desentrañó sus secretos
La señorita Tronchatoro acusó frente a toda la escuela a Bruce Bolaños de haberse comido su torta de chocolate. “El pastel más fino y delicioso de todo el mundo”. Ante ello, el menor, sin inmutarse, le contesta que “el de mi mami es mejor”. Así, en 1996 se da una de las icónicas escenas de la película Matilda, el momento en el que la directora lo obliga a comerse un inmenso pastel desbordante de chocolate, ícono de la cocina de los Estados Unidos desde principios de siglo.
“¡Bruce! ¡Bruce! ¡Bruce!”, resonaba en el inmenso salón mientras éste devoraba la preparación.
Basada en el libro de Roald Dahl (el mismo escritor de Charlie y la fábrica de chocolates) editado en 1988, la película que tiene pequeños cambios de argumento respecto de la versión escrita significó un fracaso en la taquilla al momento de su estreno, pero con el correr del tiempo logró captar la atención del público y alzarla a la categoría de ícono de los 90.
Esta Devil’s Food Cake, tal su nombre original, no es más que el polo opuesto en sabor, color y textura que la Angel Food Cake inventada a fines del siglo XIX, cuenta la leyenda, por cocineros negros en St. Louis. Pero para que llegue su contrapartida hubo que esperar un poco, ya que el cacao en polvo sin azúcar relativamente económico para cocinar llegó al mercado estadounidense a principios del siglo XX.
La primera publicación donde se encuentra escrita la receta es en la edición de 1903 del Settlement Cook Book, libro editado en Wisconsin que tenía como finalidad compilar “recetas, técnicas de cocina, información nutricional, procedimientos de servicio y otra información útil para ayudar a las mujeres jóvenes a criar sus familias”. Porque tortas de chocolate hubo varias antes, claro, pero la Devil´s Food Cake es más que un simple pastel, es mucho más.
”Lo primero para hacer un Devil’s Food Cake es tener buena materia prima, siempre, buena manteca, buena harina, el cacao es clave, el amargo, no es el del desayuno de los chicos. Se usa el bicarbonato como leudante que colabora además en potenciar el color del cacao. Y otro ingrediente que se usa, que mucha gente no lo sabe, es el café, no porque vaya a quedarle su sabor, sino porque potencia el sabor del chocolate, en este caso el sabor del cacao”, comenzó Isabel Vermal su charla con Infobae.
La reconocida pastelera, esa que tiene dos cocinas en su casa, “una adentro y una afuera, porque los olores de lo salado no me encantan y el horno de lo salado no se junta con el horno de lo dulce”, viene de una familia donde no se cocinaba mucho, de hecho, cocinar era considerado casi “una tortura”, y lo que luego fue un medio de vida en principio era un juego con su hija.