OPINIÓN. Columnista invitada (*) | La iniciativa está focalizada en la implementación de sellos de advertencia. Así, difícilmente podría dar respuesta a la compleja problemática alimentaria que enfrenta nuestro país.
En la Argentina, venimos lidiando desde hace años con la situación alimentaria nutricional de nuestros niños. Los problemas de malnutrición, ya sea por exceso o por déficit de energía y micronutrientes no son nuevos y, peor aún, su incidencia y prevalencia se incrementa año tras año.
Las cifras en la Argentina muestran que 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes y casi 7 de cada 10 adultos presentan sobrepeso u obesidad. La prevalencia de baja talla (desnutrición crónica) en menores de 5 años es de 7,9%, mientras que en el grupo de 5 a 17 años es de 3,7%. Cabe destacar que estas cifras son más altas en la población en situación de vulnerabilidad social para todas las edades, llegando a 11,5 % en la población menor de 5 años.
Sin lugar a dudas, esto representa una prioridad en lo que respecta a la salud pública. El desafío quizá mas grande es poder desarrollar políticas públicas con un abordaje integral que tengan un impacto positivo a corto, mediano y largo plazo.
Si evaluamos el consumo de alimentos, el patrón alimentario que representa la dieta tipo es inadecuado en general en toda la población y en todas las regiones. Los alimentos saludables se consumen muy por debajo de la recomendación de las GAPA (guías alimentarias para la población argentina) y los alimentos no recomendados se consumen muy por encima de dicha recomendación.
Aquí me planteo algunos interrogantes respecto a esta ley: ¿Por qué lograría generar cambios que las Guías Alimentarias para la Población Argentina no lograron realizar? ¿Por qué pensamos que la advertencia con un sello negro podrá lograr cambiar hábitos? ¿Por qué la ley no estimula el consumo de verduras, frutas, legumbres y yogur que son alimentos esenciales en la infancia y cuyo consumo está muy por debajo de lo recomendado?
Qué recomiendan las organizaciones internacionales
Cuando los niños, niñas y adolescentes crecen con limitaciones nutricionales por déficit de vitaminas y minerales, se incrementan los riesgos de desarrollar problemas físicos y retrasos en el aprendizaje y el desarrollo cognitivo. Esto afecta de por vida su potencial de desarrollo y el de sus futuros hijos.
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la FAO han recomendado realizar intervenciones costo-efectivas para favorecer el consumo de alimentos de mejor calidad nutricional, conjuntamente con la práctica de actividad física, con el objetivo de reducir la incidencia de las enfermedades crónicas no transmisibles (sobrepeso, obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares).
Entendiendo que es evidente que existe una brecha importante entre lo que deberíamos comer y lo que comemos, surge desde el Estado como parte de las medidas de intervención, la creación de la ley de etiquetado frontal de alimentos. El problema es que el proyecto de ley que hoy está en el Congreso está basado en la premisa de que ningún alimento industrializado es saludable. Lo dice abiertamente. Esto incluye todo lo que se vende en un supermercado o en un almacén. Y el objetivo seguramente sea que la gente se incline a un mayor consumo de frutas y verduras que, sin dudas, es un objetivo compartido por todos los expertos en nutrición.
Pero, para generar cambios de hábitos como ese, el camino no es espantar a la gente del supermercado sino darle herramientas para que cuando llegue, sepa qué elegir: que sepa, por ejemplo, si unas galletitas o un queso tiene más o menos sodio, si una bebida láctea tiene más o menos azúcar, si un panificado tiene más o menos grasa. Y esa información no la va a tener, y por lo tanto, no va a poder elegir.
Cuando se tiene un diagnóstico de situación basado en los índices planteados de malnutrición, el programa a implementar debe ser integral y abarcar un plan educativo social que incluya a todos los niveles: jardín, escuela primaria, secundaria y universidad. Educar al pequeño consumidor será la clave para lograr un objetivo a corto y largo plazo.
Cómo es el etiquetado frontal que propone la ley
Actualmente, a nivel mundial, se han implementado distintos tipos de etiquetado frontal. En nuestro país, el sistema elegido es el de advertencia, y se basa en el perfil de nutrientes de la OPS.
Este perfil utiliza umbrales móviles de nutrientes críticos (azúcar, grasas y sodio) en relación a las calorías, y van en contraposición de otros sistemas basados en umbrales fijos como los utilizados en Chile, Brasil, Uruguay, Perú, Canadá, Israel o bien aquellos que combinan nutrientes críticos con otros esenciales como en Europa.
Para ser más práctica, podemos dar un ejemplo: cuando un licenciado en Nutrición selecciona alimentos para un plan de alimentación, el cálculo o la composición química la realiza en base a 100 gramos de cada alimento elegido. Evalúa la cantidad de macronutrientes y micronutrientes cada 100 gramos. Si se implementa la ley tal como está actualmente, realizando el cálculo sobre las calorías que aporta cada nutriente y no sobre la cantidad de nutrientes críticos presente de manera objetiva en el producto, hará mas confuso el mensaje a brindar tanto al niño como al adulto.
Este sistema de perfilado de OPS es engañoso cuando habla de excesos. Les pongo un ejemplo: a igual cantidad de azúcar o grasas o sodio, un producto va a tener el sello de exceso y el otro no. ¿Por qué? Esta inconsistencia se da porque a diferencia de otros países como Chile o Uruguay, que establecen que cuando un producto tiene X cantidad de azúcar o sodio deben llevar un sello, aquí ese sello va a depender de la cantidad de calorías que aporta el nutriente crítico en relación con las calorías de ese alimento, no de la cantidad de azúcar sodio o grasa que hay dentro de ese alimento.
Entonces en los productos hipercalóricos, los nutrientes críticos tienden a diluirse. Un ejemplo concreto: Alimento A aporta 80 Kcal por porción de las cuales 11 provienen de grasas saturadas. Alimento B aporta 146 Kcal de las cuales 11 provienen de grasas saturadas. Alimento A tendrá sello de “Exceso de Grasas Saturadas” porque aporta mas calorías por porción. Las calorías provenientes de las grasas saturadas no superan el umbral establecido en la ley. Como resultado, el consumidor recibe el mensaje de que el alimento B es más saludable que el A porque no tiene sellos y en realidad tiene el mismo aporte en cantidad del nutriente crítico en cuestión. Entonces no estamos informando correctamente con esta ley a la población.
La necesidad de diferenciar los productos
Otro punto es que tampoco permite diferenciar productos. No es todo lo mismo. No es lo mismo una bebida con 20 gramos de azúcar que una que tiene 4 gramos. Pero, en caso de aplicarse la ley, eso es lo que va a pasar: ambos van a tener un sello de “Exceso de azúcar”, porque el umbral que establece el sistema de perfilado nutricional de OPS para azúcar agregada es tan bajo que hasta la bebida con solo 4 gramos de azúcar agregada, que es menos de una cucharadita, lo supera. Igualar de esta forma, es igualar para abajo, y privarle al consumidor de conocer qué está consumiendo para elegir mejor. Se le niega la posibilidad de que pueda comparar diferentes alimentos y bebidas y poder entender de esta manera cuál es más saludable.
De alguna manera, esta nueva ley va en contra de las recomendaciones de las Guías Alimentarias, porque castiga injustamente a algunos alimentos como los lácteos. En lugar de ponderarlos positivamente, sabiendo las deficiencias que hay en nuestra población en lo que es el consumo de calcio y vitaminas, castiga a los lácteos con sellos de exceso en azúcar y sodio, cuando buena parte de ese azúcar y sodio son propias de la matriz láctea, es decir, no son agregados cuando se elaboran. Un ejemplo concreto dentro de este grupo es el yogur, un alimento esencial y saludable, que aporta calcio, proteínas de alta calidad, vitaminas, probióticos y brinda numerosos beneficios a la salud que han sido demostrados científicamente.
El yogur contiene aproximadamente 4 gramos de lactosa. Al ser un fermentado, presenta una acidez que no siempre simpatiza con el paladar de las personas, en especial el de los argentinos y especialmente el de los niños, que se encuentra culturalmente sesgado por el azúcar. Basta con preguntar cuánta azúcar se le agrega al mate para entender. El azúcar agregado en un yogur de 125 gramos es de aproximadamente 9 gramos, menos de dos cucharaditas de azúcar.
Sumado a los umbrales descriptos, si al sistema de advertencia elegido en nuestro país, se le agregara algún indicador que señale los aspectos positivos de los alimentos o productos envasados, diciendo “es fuente de…” agregaría valor al producto mostrando nutrientes positivos para la salud y no solo el costado negativo de “exceso de..”, dando una información más completa .
Sumarle al sello de advertencia algún símbolo o imagen que resalte el lado bueno o beneficioso del alimento, como la señalización de nutrientes saludables como hierro, calcio fibra, probióticos entre otros, sería brindar información más completa. Sería estimular el consumo de alimentos saludables.
El etiquetado frontal ¿soluciona el problema de la malnutrición?
El etiquetado frontal de alimentos focalizado en nutrientes críticos mediante la implementación de sellos de advertencia difícilmente podría dar respuesta a la compleja problemática alimentaria que enfrenta nuestro país. El abordaje debiera ser integral considerando diferentes cuestiones como accesibilidad, factibilidad, gustos y preferencias, alimentación sustentable y educación alimentaria. Pensar que un sistema de etiquetado frontal de alimentos es la solución a la problemática de malnutrición, es como querer tapar el sol con un dedo.
Si en cambio se pudieran tomar medidas en las que se enseñe a la población a elegir alimentos con alta densidad de nutrientes, sin duda estaremos brindando herramientas que permitirán elegir mejor entre las opciones disponibles y podremos esperar mejores resultados en las próximas encuestas de salud y factores de riesgo en la Argentina.
(*) Jacqueline Schuldberg es licenciada en Nutrición (M.N. 1.170) y coordinadora del Grupo Estudio en Pediatría en AADYND (Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas).